LA ESCALINATA DE LA CASA DE LAS ÁGUILAS: UN DETALLE ARQUITECTÓNICO DEL PODER MEXICA.

Por Santiago Ferreyra

“La próxima vez que observes una alfarda mexica, no la mires solamente como parte de una escalera: también puede ser parte del lenguaje simbólico de la arquitectura. Conoce la evidencia detrás de las cabezas de águila de la Casa de las Águilas.”

UNA CASA DENTRO DEL CORAZÓN CEREMONIAL DE TENOCHTITLAN

El edificio que actualmente podemos estudiar arqueológicamente tuvo varias etapas constructivas. El INAH señala que fue construido y ampliado en tres ocasiones entre aproximadamente 1430 y 1500, mientras que investigaciones arqueológicas especializadas han identificado diferentes fases constructivas superpuestas.

La estructura externa de la última fase estudiada presentaba una planta aproximadamente en forma de L, con unos 52 metros de longitud de este a oeste y unos 32 metros de norte a sur. En su extremo occidental se localizaron las dos escalinatas que comunicaban con el interior del edificio.

Esta disposición resulta significativa.

La fachada occidental no era un simple muro con una puerta. La arquitectura concentraba allí los accesos y organizaba el tránsito mediante escalinatas monumentales.

¿QUÉ ES UNA ALFARDA?

En la arquitectura mesoamericana las encontramos en numerosos contextos y con diferentes soluciones formales. Por ello, no debe afirmarse que la alfarda sea exclusivamente mexica. Sin embargo, constituye uno de los elementos recurrentes y visualmente característicos de numerosos basamentos y escalinatas del Posclásico del centro de México.

En el caso de la Casa de las Águilas, la alfarda adquiere una importancia excepcional porque no se limita a acompañar estructuralmente la escalera.

Está convertida en soporte de una imagen escultórica.

El INAH señala expresamente que una de las escaleras de acceso presenta cabezas de águila decorando sus alfardas.

Así, un componente arquitectónico destinado a delimitar la escalinata se transforma también en parte del programa visual del edificio.

Mapa de Tenochtitlán, impreso en 1524 en Núremberg, Alemania.nAutor: Friedrich Peypus (1485–1534), probablemente a partir de un dibujo realizado por uno de los hombres de Cortés.
“Alfarda Acceso Poniente Casa de las Aguilas”
Foto: “Templo Mayor: Excavaciones y estudios.” Eduardo Matos Moctezuma.

Las esculturas no son águilas completas representadas en actitud naturalista. Son cabezas de ave integradas en las alfardas de la escalinata.

La elección del águila no puede interpretarse de manera aislada.

El águila poseía una importancia fundamental dentro del imaginario mexica y estaba vinculada a diferentes conceptos relacionados con el Sol, la guerra y determinados grupos de guerreros. Sin embargo, sería metodológicamente incorrecto afirmar que las esculturas de la escalinata representan automáticamente a los guerreros águila.

La identificación iconográfica debe hacerse considerando el contexto completo del edificio. Y ese contexto es extraordinario.

En el interior de la Casa de las Águilas fueron descubiertas esculturas de cerámica de tamaño natural que representan guerreros águila, así como banquetas decoradas con personajes armados que avanzan en procesión.

Las investigaciones arqueológicas identificaron dos escalinatas de acceso en el extremo poniente. Una de ellas se distingue por la presencia de las cabezas de águila talladas en piedra. Este dato resulta especialmente importante para una reconstrucción digital.

No sería correcto representar la fachada occidental como una única escalera monumental si el objetivo es reconstruir la configuración arqueológicamente documentada. La distribución de los accesos forma parte de la arquitectura y, por tanto, también forma parte de la evidencia que debe respetarse. La reconstrucción debe comenzar por la planta. Después, por la relación entre plataforma, escalinatas, alfardas y espacios interiores. Solo entonces puede abordarse la decoración.

El visitante debía atravesar espacios sucesivos: aproximarse al edificio, alcanzar la escalinata, ascender, cruzar el acceso y penetrar en un conjunto arquitectónico que incluía vestíbulos, pórticos, patios y habitaciones.

La investigación arqueométrica ha mostrado que el edificio poseía una compleja historia constructiva y que determinadas áreas del piso presentan evidencias relacionadas con actividades rituales.

El INAH ha señalado que en este edificio se desarrollaban ceremonias religiosas de carácter privado, relacionadas con prácticas como oración, penitencia, ayuno, ofrendas y autosacrificio.

Por ello, la escalinata no debe entenderse simplemente como un acceso arquitectónico. Era el primer tramo de una secuencia espacial ritualizada.

En la Casa de las Águilas, las cabezas de águila convertían el acceso en una superficie visualmente significativa. El visitante no encontraba únicamente peldaños. Encontraba imágenes.

Y esas imágenes estaban asociadas con el propio nombre moderno del edificio y con un conjunto donde también aparecen guerreros representados en procesión y esculturas de guerreros águila. La arquitectura, por tanto, contribuía a construir la identidad del lugar.

Esto es importante porque la arquitectura mexica tardía no debe entenderse como un sistema completamente aislado. Los mexicas incorporaron, reinterpretaron y resignificaron tradiciones arquitectónicas anteriores del centro de México y de otras regiones mesoamericanas. Por eso, utilizar expresiones como “estilo mexica” requiere precisión.

La Casa de las Águilas pertenece inequívocamente al paisaje arquitectónico de México-Tenochtitlan, pero su diseño participa de una tradición mesoamericana mucho más amplia. La alfarda es un excelente ejemplo de esta continuidad.

"Detalle de esculturas de cabezas de águila en alfardas de acceso a la Casa de las Águilas" Fotografía: Héctor Montaño Morales INAH.
"Detalle de esculturas de cabezas de águila en alfardas de acceso a la Casa de las Águilas" Fotografía: Héctor Montaño Morales INAH.

Entre 1980 y 1997, el Proyecto Templo Mayor del INAH realizó excavaciones exhaustivas en el edificio. Los resultados fueron estudiados posteriormente mediante arqueología, análisis de materiales, arquitectura, iconografía y fuentes históricas.

El estudio arqueométrico permitió además investigar la historia constructiva del inmueble y detectar zonas del piso relacionadas con actividades rituales.

Las esculturas, banquetas policromadas, restos arquitectónicos y diferentes etapas constructivas constituyen un conjunto de evidencias que permite reconstruir progresivamente la historia del edificio.

Tampoco podemos reconstruir completamente la experiencia ritual que se desarrollaba en cada momento dentro del edificio.

Las fuentes escritas del siglo XVI fueron elaboradas después de la conquista y deben ser confrontadas cuidadosamente con la evidencia arqueológica. Incluso algunas cuestiones relacionadas con la función exacta de determinados espacios siguen siendo objeto de investigación.

“Casa de las Águilas”
Recosntrucción Hipotética creada por Santiago Ferreyra para Maravillas del México Antiguo
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También puede reconstruir la volumetría general del edificio a partir de los restos arqueológicos. Pero algunos aspectos deben tratarse con cautela.

EVIDENCIA CONSERVADA: escalinatas, alfardas, cabezas de águila, muros, pisos y otros elementos arqueológicamente documentados.

ELEMENTOS DOCUMENTADOS: dimensiones aproximadas, planta, etapas constructivas y relaciones espaciales establecidas mediante excavación.

RECONSTRUCCIÓN: volúmenes arquitectónicos necesarios para representar gráficamente las partes desaparecidas.

INTERPRETACIÓN: acabados, colores, elementos de cubierta o detalles que no se conservan suficientemente y cuya restitución depende de paralelos o hipótesis.

Este procedimiento es especialmente importante cuando se pretende devolver color y apariencia original a la arquitectura.

El INAH ha documentado restos de pintura y elementos policromados en la Casa de las Águilas; las banquetas con guerreros, por ejemplo, conservan evidencias de color que permiten aproximarnos a la apariencia visual del interior.

No como una simple escalera. Sino como un umbral arquitectónico. Los peldaños resolvían el ascenso. Las alfardas delimitaban el recorrido. Las cabezas de águila transformaban la arquitectura en imagen.

El acceso conducía hacia un edificio de carácter religioso y de acceso restringido. Y el conjunto se encontraba a pocos metros del Templo Mayor, en uno de los espacios más importantes de la antigua capital mexica.

La escalinata poniente resume, en unos cuantos metros de piedra, una de las características fundamentales de la arquitectura mesoamericana: la estructura nunca fue solamente estructura.

Construir también significaba ordenar el movimiento, marcar jerarquías, comunicar símbolos y producir experiencias espaciales. Las cabezas de águila no están colocadas al azar. Forman parte de la arquitectura. Y la arquitectura, a su vez, forma parte del ritual.

Por eso, cuando observamos hoy esas alfardas fragmentarias, no estamos viendo simplemente los restos de una escalera destruida hace casi cinco siglos.

Estamos viendo una parte conservada de un sistema arquitectónico concebido para conducir a las personas desde el exterior hacia un espacio de acceso restringido, mientras las imágenes escultóricas anunciaban visualmente la identidad y la importancia del lugar.

En Tenochtitlan, hasta una alfarda podía hablar.

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